Guía completa

No todas las bombillas se cambian igual

Lo que para muchos coches es una operación de cinco minutos, en otros implica desmontar parte del paso de rueda o incluso extraer el faro completo, según lo apretado que sea el diseño del compartimento motor. Antes de dar un plazo o un precio, comprobamos qué tecnología monta tu faro y qué grado de accesibilidad tiene ese modelo en concreto, porque la diferencia entre uno y otro puede ser de minutos a más de una hora de trabajo.

Halógeno, xenón y LED: tres mundos distintos

El halógeno es la tecnología más sencilla y la más barata de mantener: una bombilla que se sustituye de forma directa cuando se funde. El xenón necesita un balasto que genera el arco eléctrico, y cuando falla no siempre es la bombilla lo que hay que cambiar, sino ese componente electrónico. El LED, cada vez más habitual de fábrica, suele venir integrado en módulos que en algunos diseños se pueden sustituir de forma independiente y en otros obligan a cambiar el óptico completo, porque el fabricante los sella de fábrica sin previsión de recambio parcial.

El reglaje, un paso que no es cosmético

Después de cambiar un faro completo, o en muchos casos también una simple bombilla, el haz de luz necesita reajustarse con una máquina de reglaje. No es un capricho: la normativa exige que el haz apunte a una altura concreta, ni tan alto que deslumbre a quien viene de frente, ni tan bajo que reduzca la visibilidad del propio conductor. Un faro mal reglado, aunque la bombilla funcione perfectamente, puede hacer que el coche no supere la inspección de luces en la ITV.

Cuando el aviso engaña

En coches con iluminación LED, un módulo con un fallo interno puede generar el mismo aviso en el cuadro que una bombilla fundida, sin que sustituir la bombilla —porque en muchos casos ni siquiera hay una bombilla individual que cambiar— resuelva nada. Por eso, ante un aviso de este tipo, conviene diagnosticar primero qué componente exacto está fallando antes de plantear una sustitución que puede no ser la que corresponde.

Humedad en el faro: una señal que conviene no ignorar

Ver condensación en el interior de un faro de vez en cuando, sobre todo tras lluvia intensa o un lavado a presión, puede ser puntual. Si persiste o reaparece con frecuencia, suele indicar que la junta de estanqueidad ha perdido efectividad, y con el tiempo esa humedad puede llegar a dañar el módulo electrónico si el faro lleva LED o xenón, encareciendo lo que empezó siendo un problema menor.